VIDA Y OBRAS DE MARIO MENDOZA
Biografia Mario Mendoza

Mario Mendoza Zambrano nació en 1964 en Bogotá, Colombia. Estudió en el Colegio Refous y en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá donde obtuvo la maestría en Literatura Latinoamericana. Posteriormente, es profesor del Departamento de Literatura de la misma universidad en la que había estudiado. Aunque siempre profundamente vinculado a su Bogotá natal, Mario Mendoza cruzó el Atlántico en diversas ocasiones. Lo hizo cuando fue a Toledo, para asistir en los cursos de literatura hispanoamericana de la Fundación Ortega y Gasset, y también para ir a Israel donde residió en Hof Ashkelon, una de las zonas más calientes del planeta. Fue después de este viaje cuando, al regresar a su país, empezó a publicar algunos artículos en diarios revistas colombianos. En el otoño de 1997 trabajó en James Madison University en Virginia, EE.UU.2
Luego de licenciarse en literatura y trabajar como pedagogo, Mendoza, decidió iniciar su carrera literaria a partir de 1980, combinando la escritura con la docencia y la colaboración con diversos medios culturales como diarios y revistas, entre otros, la Revista Bacánika y El Tiempo. Ha impartido clases de literatura durante más de diez años.
Gracias a su novela Satanás, obtuvo del Premio Biblioteca Breve de la editorial Seix Barral en 2002. Mendoza, es uno de los autores latinoamericanos más reconocidos de la actualidad.
A través de las imágenes descritas en varios de sus textos, Mendoza, recrea la capital de Bogotá que casi nadie se ha osado esbozar. Lo anterior, es introducido inicialmente en La ciudad de los umbrales, publicada en 1992. En esta novela empieza a aparecer la imagen de Bogotá como “ciudad travesti”, concepto que él explicará más adelante en un conversatorio realizado en la Biblioteca Luis Ángel Arango, en mayo de 2004.
Ahora bien, la ciudad que nos revela Mario Mendoza en el tríptico [Scorpio City (1998), Relato de un Asesino (2001) y Satanás (2002)] es una musa sombría cuya belleza resulta tenebrosa porque condensa lo infernal y lo sagrado, lo criminal y lo virtuoso, lo repugnante y lo deseable, lo doloroso y lo placentero. Una metrópoli finisecular, que padece el extraño caso de Henry Jekyll y Edward Hyde, pues ella es multiplicidad de facetas superpuestas en constante tensión, es un monstruo seductor cuya esencia no es posible determinar si “baja del hondo cielo o emerge del abismo”.
La prosa ágil y concisa de Mendoza deviene uno de los principales sellos de su propio universo narrativo, un universo en el que es posible encontrar la belleza en lo feo y lo repugnante, sin pretender encubrirlo con catarsis facilistas. Desde su escritura visceral propone una estética hiperrealista, que no teme viajar por las intrincadas regiones de la psiquis humana, ni bordear los límites de la locura.3